Serrania de Ronda
 
 
Cartajima
 

La villa de Cartajima se encuentra en la cima de una colina que se adentra en el Valle del Genal. Situada en esta cumbre, la aldea ofrece una ubicación privilegiada desde la cual los amantes de las aves, aficcionados y profesionales, pueden disfrutar descubriendo e identificando el amplio número de aves migratorias que vuelan por esta zona durante la primavera y el otoño.

El área de la Serranía de Ronda ofrece a los visitantes una oportunidad única para ver aves de presa o rapaces a lo largo del exuberante valle del Genal. Las montañas de los parques nacionales de la Sierra de Grazalema y la Sierra de las Nieves crean un embudo natural para las aves migratorias. Los afloramientos de piedra caliza local, conocidos como Los Riscos crean un impresionante telón de fondo para Cartajima y muestran evidencias de los antepasados ??de sus pobladores desde antes de los Moros.

Las laderas en terrazas que se hallan por debajo del pintoresco pueblo ofrecen un tapiz de arboledas de castaños y caminos que los visitantes pueden explorar a pie o en bicicleta. A pesar de que sus viñas se vieron muy afectadas por la epidemia de filoxera en el siglo XIX, el vino de la zona, conocido como 'mosto', es muy recomendable.

 

Sus recursos locales de depósitos de Hierro trajeron en el siglo XIX una riqueza considerable al área, gracias a la pujante industria de la fabricación de cañones y balas de cañón. Este comercio llevó a la aldea a ser apodada "Cádiz la chica" o la Pequeña Cádiz.

Poco se sabe de los orígenes de este pueblo de montaña, sin embargo, su historia está - casi con toda seguridad - vinculada a la presencia de los árabes y a las posteriores guerras que terminaron en la dominación cristiana.

Cartajima jugó un papel destacado en la Guerra de la Independencia con su obstinada resistencia a las tropas de Napoleón.  Andrés García, un guerrillero de montaña quien ha pasado a la historia como el asesino de un representante del gobierno francés en Ronda, nació en el pueblo.

En 1725 se construyeron en Cartajima una fábrica de hojalata y un horno, anunciando así el inicio de la industria del hierro y del acero en Andalucía. A largo plazo, el proyecto fracasó, en gran parte como resultado de la falta de carbón para hacer funcionar el horno.

El único monumento en Cartajima es la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario. Fue construida en el siglo XVI y modificada en varias ocasiones, la última vez en la segunda mitad del siglo XX. Aunque la iglesia fue diseñada por primera vez con tres naves, en este momento sólo queda una, junto con parte del lado del Evangelio y la capilla bautismal. En su interior se conservan algunas figuras de los siglos XVII y XVIII. Una de ellas es de la Virgen del Rosario y está situada en la hornacina central.

En las afueras del pueblo se encuentran las ruinas del castillo medieval, las termas romanas de Cañada de Harife y la necrópolis, también romana, en Cortijo del Ratón, así como las comunidades medievales de Casapalma y Cartabón.

En 1814, Fernando VII le dio a la villa el estatus de pueblo. Durante el siglo XIX, llegaron tiempos de prosperidad en la forma de minas de hierro y la fabricación a pequeña escala de cañones y otras piezas de artillería.

 
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